Esta ruta la empecé a hacer hace varios años con mi hermano y mi cuñada un día muy caluroso de agosto y no llegamos al final de la ruta, entre otras cosas porque se hacia tarde y no sabíamos lo que había más allá del punto donde nos dimos la vuelta. Cuando volvimos nos informamos y nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido lo mejor.
Sabido esto volvimos a hacer la ruta esta vez mi hermano y yo solos, y en una época del año más propicia para hacer senderismo, primavera.
La ruta empieza en una piscifactoría, por una pista que se ciñe al río, sin mucho desnivel, y con algo de fresco. Pronto se llega a la Cerrada de Elias, un estrecho por dónde pasa el río y se puede atravesar gracias a una pasarela artificial. Seguimos andando hasta llegar al punto dónde empieza a endurecerse notablemente la pendiente, es en ese punto dónde decimos desayunar y coger fuerzas para la subida.
La subida nos la tomamos con calma, sabiendo que teníamos tiempo de sobra para la vuelta, y unas cascadas preciosas que fotografiar.
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A pesar de que la subida era exigente, se hizo bastante amena por las cascadas, y por el túnel que se construyó para desviar el agua para generar electricidad, digamos que el paisaje a medida que ibas subiendo se iba poniendo más y más interesante.
Tras pasar los túneles el camino se suavizaba bastante, y al poco rato de salir de ellos llegábamos al esperado embalse de los Órganos y laguna de Valdeazores. Allí a la orilla de la laguna, comimos un buen bocadillo antes de realizar el descenso por el mismo camino.
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