Mi primer viaje del año, y que mejor compañía que la de mi novia, a demás de otras dos parejas. Hace años ya fui a Granada pero poco recordaba ya de ella, normalmente no me gusta volver a sitios que ya he visitado pero Granada es uno de esos sitios que no te cansarías nunca de visitar, hay una frase granadina muy famosa que dice «Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada».
Llegamos allí por la noche y decidimos tapear, y salir un poco a conocer la vida nocturna granadina, la anécdota de la noche fué cuando entramos en una tetería dónde nos habían dicho un que hacían unos batidos muy buenos, y a la hora de servirnos, el chico pierde el equilibrio de la bandeja, y se le caen absolutamente todos los batidos encima de mi novia y mía, el resultado todos los pantalones y zapatillas mojados, como si nos hubíesemos metido en un río, y a pesar de ser consciente el chico de la metida de pata que hizo, no tuvo ni la decencia de invitarnos, cobrándonos 4€ por unos batidos que a demás no nos terminamos ya que no estaban nada buenos, decepcionante completamente, pagué y salí de ese sitio lo más rápido posible, para volver al hotel y poder cambiarme.
Por la mañana empezamos con el plato fuerte, la Alhambra de Granada, una de las candidatas a las siete nuevas maravillas del mundo, y que merecía sin duda estar entre ellas. De buena mañana cogemos el autobús que nos lleva hasta su entrada, y empezar la visita por sus preciosos jardines laberínticos y sus fuentes de agua, a continuación fuimos al Palacio de Carlos V, visitando una exposición del pintor Matisse.
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Después entramos a la joya de la Alhambra, los Palacios Nazaries, con la pena de que el el Patio de los Leones, estaba siendo restaurado, aunque la fuente con los leones estaba en una habitación cercana, pero no lucía igual.
Por la tarde, dimos una vuelta por el barrio de Albaicín, haciendo tiempo para ver la puesta de sol desde un mirador del propio barrio. El mirador tenía unas vistas increibles, se veía gran parte de granada, de centro de imagen la Alhambra, y de fondo Sierra Nevada, con sus picos llenos de nieve.
Al bajar todavía nos dio tiempo de visitar la catedral, que siento decirlo pero me decepcionó bastante, se veía muy sosa toda de blanco.
Todavía quedaba un poco de fuerzas para salir un poco también la última noche, cenamos en un kebab, una especie de empanadilla gigante típica de allí, y únicamente 3€ bebida incluida.
Pudimos encontrar un pub típico donde se hacía cócteles en porrones, fue divertido el beber de ellos ya que nos costaba acertar al principio, estuvimos hasta que el cuerpo nos dijo basta, el cansancio era evidente, y el día siguiente ya volvíamos y teníamos que estar en condiciones para la vuelta.
El último día lo aprovechamos para callejear un poco y hacer algunas compras en el zoco adjunto a la catedral.
En definitiva fue una visita corta a Granada, pero me sirvió para despejarme de la rutina y de los estudios.
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